Mito histórico · editorial_review · v0.1 · consenso: mayoritario

¿Por qué hay evangelios que no entraron en la Biblia?

Existen decenas de escritos antiguos que se presentan como «evangelios» y no forman parte de ningún Nuevo Testamento: los de Tomás, Judas, María, Pedro, Felipe, el Protoevangelio de Santiago y otros. Son en su mayoría del siglo II en adelante, escritos décadas o siglos después de los hechos y atribuidos a apóstoles que no pudieron escribirlos; algunos, sobre todo los gnósticos, presentan una teología muy distinta de la de la Iglesia mayoritaria. No los excluyó Nicea ni una censura imperial: la lista fue un proceso gradual de siglos, basado en su origen apostólico presunto, su antigüedad, su uso amplio en las Iglesias y su acuerdo con la fe recibida, y no hubo una lista cerrada y universal hasta la carta de Atanasio de 367, adoptada de forma desigual. Tampoco son un bloque: hay evangelios gnósticos, de infancia y judeocristianos; y otros libros que hoy no están en la Biblia, como el Pastor de Hermas o la Didaché, se leyeron como Escritura en algunas Iglesias.

Por Alejandro Villa B. · última revisión: 19 de septiembre de 2026 · cómo se hace este atlas

Lo que se dice

Circulan dos versiones opuestas. Una: la Iglesia, o el emperador Constantino en Nicea, censuró los evangelios que contaban la verdad —los de Tomás, María Magdalena o Judas— para imponer una versión oficial. La otra: los evangelios que no están en la Biblia son falsificaciones sin valor, inventadas por herejes.

Respuesta corta

Ninguna es exacta. Existen decenas de escritos que se presentan como evangelios y no están en ningún Nuevo Testamento. Son, en su gran mayoría, del siglo II en adelante, es decir, décadas o siglos posteriores a los hechos, y están atribuidos a apóstoles que no pudieron escribirlos (seudoepigrafía). Algunos, los gnósticos, presentan una teología muy distinta de la que acabó siendo mayoritaria.

No los excluyó el Concilio de Nicea, que no trató del canon (ver ¿Nicea decidió qué libros entraban en la Biblia?). La lista se fue formando durante siglos, por el uso: qué textos leían las Iglesias, cuáles se consideraban apostólicos, cuáles concordaban con la fe recibida. Tampoco son un bloque uniforme: hay evangelios gnósticos, evangelios de la infancia y evangelios judeocristianos, con orígenes y fines muy distintos. Y algunos libros que hoy no están en la Biblia, como el Pastor de Hermas o la Didaché, se leyeron como Escritura en ciertos lugares.

Qué son los “apócrifos”

Apócrifo significa “oculto” o “reservado”, y con el tiempo pasó a designar los escritos no aceptados. Bajo esa etiqueta caben cosas muy diferentes:

Ninguno pertenece a “una misma familia”: es una etiqueta negativa —lo que no entró—.

Cómo se formó la lista (y por qué no fue Nicea)

El proceso es gradual y se puede seguir por etapas:

Es decir: no hubo un momento y un órgano que decidiera, sino una convergencia de siglos.

Por qué unos sí y otros no

Los criterios que la propia tradición aplicó pueden resumirse en cuatro:

  1. Origen apostólico: si se creía que venía de un apóstol o de un discípulo directo de un apóstol.
  2. Antigüedad: los evangelios canónicos son del siglo I; los apócrifos, casi todos posteriores.
  3. Uso amplio: si lo leían y reconocían las Iglesias de muchas regiones.
  4. Concordancia con la fe recibida (la “regla de fe”): si su enseñanza encajaba con lo que las Iglesias ya predicaban.

Los historiadores ven en esto tanto una selección de calidad —la antigüedad, sobre todo, es un criterio histórico de peso— como una disputa de poder: cada criterio favorecía a la corriente que acabó imponiéndose. Las dos lecturas no se excluyen.

Nag Hammadi: el hallazgo de 1945

En diciembre de 1945, un campesino halló cerca de Nag Hammadi (Alto Egipto) una vasija con trece códices de papiro, con cincuenta y dos tratados en copto, traducidos del griego y copiados en el siglo IV: entre ellos, los evangelios de Tomás, de Felipe y de la Verdad, y el Apócrifo de Juan. Hasta entonces, del gnosticismo se sabía sobre todo por sus adversarios (Ireneo, Hipólito). Por primera vez se podía leer a los gnósticos en sus propias palabras.

Una hipótesis atractiva (discutida) es que los códices pertenecieron a una biblioteca monástica cercana y se enterraron tras la carta de Atanasio de 367, que ordenaba retirar los apócrifos. Lo cierto es que fueron copiados en época de plena formación del canon y que alguien decidió conservarlos.

Algunos casos

Lo que estos textos no son

Libros en el borde

La frontera de la lista no era nítida ni siquiera a mediados del siglo IV. El Códice Sinaítico (ca. 350) incluye tras el Apocalipsis la Epístola de Bernabé y el Pastor de Hermas; otros manuscritos traen 1 y 2 Clemente. La Didaché (ca. 100) se leyó como texto de instrucción en varias Iglesias, y el Apocalipsis de Pedro figuraba en listas antiguas. Estos libros no son gnósticos ni heréticos: fueron sencillamente discutidos y quedaron finalmente fuera.

Qué sabemos

Qué no sabemos

Qué fuentes existen

Qué discuten los historiadores

El debate central es cómo entender el proceso. La tesis de Elaine Pagels, popularizada a partir de 1979, es que los textos de Nag Hammadi muestran un cristianismo plural que una corriente, la que acabó siendo ortodoxa, terminó por reprimir. Bart Ehrman comparte en parte esa lectura (la ortodoxia fue el resultado de una lucha, no el punto de partida), pero Bruce Metzger y otros insisten en que los criterios de selección fueron, sobre todo, la antigüedad, el origen apostólico y el uso, y que los textos gnósticos quedaron fuera por tardíos, no por mala suerte. También se discute el valor histórico de los apócrifos: casi ninguno aporta datos independientes sobre Jesús, aunque Tomás es la excepción más discutida. Las lecturas confesionales tienden a juzgar estos textos por su teología —los rechazan por heréticos o los reivindican por “verdaderos”—; ninguna de las dos es un argumento histórico.

De dónde viene la idea

La idea de una “censura” nace de un hecho real —una corriente ganó y otras desaparecieron— y de una tentación moderna: creer que lo que se excluye debió ser lo auténtico. Pero la mayoría de estos textos no desapareció porque alguien los prohibiera por decreto desde el principio, sino porque las Iglesias dejaron de usarlos y de copiarlos, y en algunos casos se los persiguió expresamente, como ordena Atanasio. Lo que sabemos de ellos lo debemos a unos pocos hallazgos casuales del siglo XX.

Fuentes

Relaciones

editorial_review

Esta entrada aún no está en estado citable (editorial_review); se muestra la cita de referencia interna mientras avanza la revisión editorial.

Villa B., A. "¿Por qué hay evangelios que no entraron en la Biblia?". Atlas histórico, antropológico e interactivo de los cristianismos. Versión 0.1. Última revisión: 2026-09-19. https://cristianismos.com/es/articulos/por-que-hay-evangelios-fuera-de-la-biblia/